La muerte: ¿final fatalista o transformación natural?


Si la muerte no fuera el preludio a otra vida, la vida presente sería una burla cruel.

M. Gandhi

Todos nosotros hemos experimentado de alguna manera el sentimiento que acompaña a la muerte. En la mayoría de los casos, me puedo aventurar a asegurar que la emoción producida en nosotros no fue agradable. Independientemente de que haya sido provocada por haber estado próximo a ella, o tras haber perdido a algún ser amado.

La muerte en sí misma, la percibimos como algo tenebroso y terrible. La ciencia la describe como un proceso terminal con el que concluye la vida. Este tipo de definiciones, si bien pretenden ser profesionales y objetivas, no nos resultan demasiado alentadoras. Por otro lado, nuestra cabeza está llena de dudas con respecto a las implicaciones que acompañan al hecho de fallecer. Esto nos lleva inevitablemente a experimentar ansiedad y miedo.

Sócrates alguna vez dijo: “El temor a la muerte, no es otra cosa que considerarse sabio sin serlo, ya que es creer saber sobre aquello que no se sabe.” Ciertamente, nadie conoce con certeza lo que pasa después de morir, sin embargo, solemos considerarlo como el peor de los males o castigos.

La muerte siempre ha sido temida por la humanidad. En muchas civilizaciones, los dioses de la muerte eran personificados como temibles seres que se encargaban de separar al alma del cuerpo y posteriormente solicitar cuentas a los difuntos. ¿Suena familiar?

Hasta nuestros días, esta perversa tradición nos ha seguido sin sufrir demasiadas alteraciones. La calavera encapuchada sosteniendo una guadaña, no es precisamente una imagen de amistad. Por otro lado, las religiones modernas, aunque quizá con tintes diferentes, tampoco han evolucionado o profundizado demasiado en este tema.

Nos guste o no, de algo podemos estar seguros: todos vamos a experimentar la muerte. Entonces, resulta adecuado que empecemos a enfrentarla como un hecho de la vida misma y no como una fatalista terminación de esta. La muerte es inevitable y segura. Por lo tanto, parte de vivir, es morir.

La muerte no denota un final sino una continuación de la existencia. Es una especie de transformación (la oruga “muere” y da vida a la mariposa). El alma, que anima y da vida al cuerpo físico, lo libera y sigue su camino. Es el momento en que tu “verdadero yo” continua con su viaje.

La muerte resulta una parte integral de la existencia. La vida en este plano físico es una oportunidad para crecer espiritualmente y dedicaros a perseguir propósitos más elevados y menos egoístas. Aprende a escuchar a tu “yo interior.” Deja que su sabiduría fluya en armonía junto con tus pensamientos. Permite que te dé guía y soporte a tu vida en este mundo. Tú estás en él y él en ti, en unidad continuarán con su travesía una vez que abandonen el cuerpo que hoy habitan. ¡Buen Viaje!

 Fotografía cortesía de: http://www.sxc.hu/

Publicado el septiembre 7, 2012 en Reingeniería Interior y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Sin embargo el dolor que se vive es tan fuerte, que en esos instantes se cierran todas las puertas de la razón y es necesario ir asimilando en el tiempo que el ser querido está por fin libre y continuando…

    Ahora como bien dice en su texto:

    “La vida en este plano físico es una oportunidad para crecer espiritualmente y dedicarnos a perseguir propósitos más elevados y menos egoístas”

    • Estimada Lou,
      Muchas gracias de nuevo por tus acertados comentarios. Tienes razón, la muerte nos hace experimentar emociones desagradables de dolor y a veces hasta de ira y coraje. Es muy cierto lo que mencionas acerca de que en esos momentos se cierran las puertas de la razón y solamente ceden ante el tiempo que nos ayuda a asimilar nuestro dolor.
      No en vano, han sido muchos los escritores, pensadores y poetas que han dejado marca y referencia a este dolor que acompaña a la muerte. No obstante lo anterior, cuando vemos en la muerte a una transformación y no a un abrupto final de la vida, podemos entender que no descansa en ella ninguna maldición ni fatal desenlace. Por el contrario, es una continuación natural de la vida misma en donde el alma tiene que liberar al cuerpo físico para poder proseguir con su travesía inmortal.
      Entiendo bien que los que nos quedamos rezagados extrañaremos a quienes se nos adelantan. Esto invariablemente nos provocará un sentimiento de tristeza y abandono. Sin embargo, saber que nuestros seres queridos gozan de tranquilidad, paz y plena libertad siempre nos hará más sólidos y nos dará fuerza a los que por lo pronto nos quedamos aquí. Gracias de nuevo.

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