8500 personas que pueden cambiar al mundo


No hay camino para la paz, la paz es el camino. Mahatma Gandhi

Mucho es lo que se ha dicho y escrito acerca de la energía que rodea a cada uno de nosotros y el impacto que puede tener sobre otros objetos a través de la fuerza de nuestra intensión. Algunas culturas ancestrales ya usaban la canalización de esta energía con objetivos terapéuticos, de relajación o para provocar niveles de consciencia superiores y un mejor entendimiento del universo. El Reiki o el Tai Chi por mencionar algunos, han sido usados durante milenios por las culturas hindú y china respectivamente.

Otros avances científicos más recientes y dignos de celebrarse son las investigaciones de Semyon Kirlian gracias a las cuales ahora nos es posible fotografiar el aura, y por otro lado, también los estudios del Dr. Masaru Emoto los cuales mostraron el impacto que nuestra intensión tiene sobre otros objetos, en este caso, sobre el agua común.

Un estudio igualmente revolucionario se le debe al Dr. David Hawkins quien no sólo ha confirmado la existencia de esta energía, sino que su estudio ha ido más allá para probar que ésta vibra de acuerdo a una escala que se mueve de acuerdo a las emociones que experimentamos. Por ejemplo, las emociones negativas como la culpa, la ira o la apatía vibran en una frecuencia inferior a 150, mientras que las positivas vibran en frecuencias más elevadas y algunas  como el amor, vibran por encima de los 500. Esta misma investigación reveló que dicha energía no sólo afecta al individuo que la experimenta sino que tiene una repercusión de mayor alcance.

Siguiendo esta misma línea de investigación, el Proyecto Internacional de la Paz llevado a cabo en medio oriente descrito por Gregg Braden en “La Ciencia de los Milagros” nos muestra que en 1988 durante el tiempo en que un grupo de voluntarios enfocó su intención a “sentir” un “sentimiento de paz” durante un período específico al que denominaron <<la ventana de oración>> se experimentó en ese mismo lapso de tiempo una reducción hasta el 0% de la actividad terrorista, la tasa de criminalidad bajó y hasta los accidentes automovilísticos disminuyeron. Aunque no se sabe exactamente por qué sucede este fenómeno, sí se ha podido demostrar que hay una correlación muy elevada entre el grupo de gente que <<siente>> el sentimiento de paz y el efecto positivo que se manifiesta a su alrededor. Este impacto es tan preciso que los estadistas fueron capaces de determinar el número mínimo de gente que se necesita para empezar a crear este milagro: la raíz cuadrada del 1% de la población. Es decir, un número muy pequeño de gente puede generar un impacto muy positivo en su comunidad.

De acuerdo con lo anterior, y además considerando que este experimento ha sido llevado con éxito a otras ciudades del mundo como Chicago. Se antoja echar mano de nuestra energía interior para provocar el cambio que todos queremos ver en nuestras comunidades. Imagínate el poder que yace dentro de ti y el impacto tan positivo que puedes generar en tu ciudad simplemente encausando tu energía y emociones de forma intencional hacia un objetivo específico: tu comunidad en paz. De acuerdo con el algoritmo anterior, un país cómo México requiere de tan sólo unas 1,000 personas. El mundo entero necesita de sólo 8,500 personas para provocar este cambio positivo.

¿Cuántos necesita tu comunidad? Te invito a que reflexiones sobre esto y sumes tu energía e intención  a un esfuerzo conjunto que sólo te pide unos minutos al día. Digamos que al levantarte por la mañana y antes de ir a dormir, haces una pausa y por unos minutos te imaginas a tu comunidad en paz. Imagínate que prevalece la justicia, la seguridad, la armonía, la buena voluntad, la empatía, la honradez y la verdad. Siente el sentimiento de vivir en una comunidad que goza de estas características (aunque por el momento no sea así) y deja que tu emoción se una a la de muchos más que lo están sintiendo también. Recuerda que si queremos provocar un cambio “allá afuera”, debemos empezar por inducir un cambio positivo dentro de nosotros mismos y empezar a imaginar el tipo de comunidad que queremos para nosotros y para nuestros hijos.

Entre más nos unamos a este movimiento y entre más seguido experimentemos este sentimiento positivo, entonces mejores y más duraderos resultados obtendremos. No es fundamental que entendamos los porqués que yacen detrás de este fenómeno. Solamente es necesario que abramos la mente y que creamos que ciertas cosas son posibles.

Publicado el abril 10, 2012 en Reingeniería Interior y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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